Recuerda

Hay melodías suaves, que son como una poco de aire fresco en la cara. Simplemente cierras los ojos unos segundos y sonríes al escucharla. Luego, poco a poco, esa música va cogiendo fuerza. Se añaden instrumentos a la orquesta.

Los bajos y los altos hacen una perfecta coreografía en tus oídos, y donde es más importante, en tu cabeza.

Tú sólo cierra los ojos, ciérralos y recuerda

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Recuerdos 

Recuerda otros momentos, y piensa en los que están por venir. Sueña en pequeñas dosis con la música, no hay nada más enternecedor y humano que hacerlo.

Puedes poner tus deseos sobre la mesa al hacerlo. Puedes dejarte llevar así, y si haces caso de tu primer instinto, puedes saber verdaderamente qué es lo que quieres, si es que te cuesta reconocerlo.

Puedes llorar, un poco, también. No es malo, no pasa nada. Hay sonidos que están tan arraigados con el pasado o con lo que queremos de futuro, que es difícil no hacerlo. Pasa igual con las películas. A veces simplemente ves una escena y se te escapa una lágrima y dices ‘Pero si yo esto no lo he vivido en mi vida’.

Puede ser que los actores sean extraordinarios, o la historia muy dramática. Pero también puede que, tal vez, en tu fuero interno, lo deseas, o lo deseaste, o pensaste que algo así te sucedería a ti. Y esos deseos se guardan dentro de nuestro cerebro, en un sitio tan escondido, que cuando creemos que los hemos perdido, aparecen por sorpresa. Como los calcetines, igual.

Otras veces, en cambio, los desligas a un recuerdo tortuoso, y acaban formando parte de tu abanico de sonidos agradables. Sin embargo, suele pasar más a menudo al contrario, suelen ser canciones o melodías que eran tuyas, para acabar siendo de otra persona también. Y cuando vuelves a ser tú solo el dueño es difícil no sentirse mal. Porque ya no sólo recuerdas la canción, recuerdas a la otra persona.

Pero no te preocupes, al final todo vuelve a ser como era. Lo que era tuyo al principio, volverá a pertenecerte. Y si no, es que nunca lo fue del todo.

 

A veces tienes que acabar dándole la vuelta para encontrar qué es lo que te gustaba tanto de la canción (o de la persona). A veces tienes que tirarte al suelo para encontrarlo, buscar debajo de la cama, de la mesa, en el fondo del armario o dentro de un libro. Otras veces puede que vuelva solo. Ya se sabe cómo son estas cosas.

Como los calcetines, igual.

 

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