No te avergüences

El término guilty pleasure es antiguo cual pediatra de la Duquesa de Alba, y aunque tiene sus años, ahora se ha puesto de moda en el círculo de los entendidos en series de tv o cine para referirse a esos productos que consumimos, pero de los que nos avergonzamos.

Recuerdo una conversación con unos entendidos en estos temas que me decían que si quería que se me tuviese en cuenta en ese círculo, no podía seguir viendo (o diciendo que veía) según qué cosas.

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¿Perdón? 

Llamadme loca, pero yo no me avergüenzo de nada de lo que veo, no me hace falta. Tengo el suficiente criterio y conocimientos, cultura y bases, para poder decir sin ningún tipo de miramientos que series como Anatomía de Grey me molan.

¿Por qué? 

Porque no necesito quedar bien, no me hace falta. Soy natural, soy normal, me gusta descansar, relajarme, entretenerme. Porque esa es la finalidad del producto, o de al menos, de casi todo ese producto hoy en día. Lo comercial no es malo porque sí, lo es cuando no es de calidad  igual que lo alternativo no es bueno porque esta sea su naturaleza.

Tengo la (maravillosa) suerte de poder disfrutar con todo, con las películas buenas, y con las malas también, y no por eso sé menos que tú. Al contrario, no me engaño ni te intento engañar a ti.

Decir lo que a otros les gusta y no a ti denota tan poca personalidad y falta de confianza que es de lo más ridículo, es de acomplejados.

Hace un par de años tuve la oportunidad de ver una película de una realizadora argentina en la que había un grupo de adolescentes en el bosque hablando, charlando, andando y andando. Nombraron al hermano de una de las chicas que había muerto en un accidente de coche, y en el bosque encontraron un coche, y luego una playa. Y luego se acabó. No había más. Me decepcionó porque un entorno tan bucólico, tan ideal para explorar la psique de esos chicos es una pena desaprovecharlo. Mis dos acompañantes estuvieron de acuerdo. Tiempo después, uno de ellos me dijo que es que la película había que comprenderla y que era buena en su incomprensión, que no podíamos dejarnos llevar por eso y decir que no era buena.

¿Excuse me?

Y os preguntaréis entonces que para qué elevar productos que no tienen una base  trascendental (o al menos una comprensible) detrás, a la categoría de obras maestras. Pues esa gente lo hace sólo porque les avergüenza lo que otro vaya a pensar.

Puede pareceros una chorrada, pero en realidad es una cuestión de complejos. Yo sé que sé, por eso no necesito estar demostrándolo constantemente.

The Walking Dead es una serie de zombies. No, ahora resulta que la gente (la gran masa de gente) la ve porque tiene un trasfondo de dolor humano y drama, que no la ves porque cumplen tu necesidad de ver matar al malo, y de hacerlo de forma sangrienta, no qué va.

Una vez leí en un libro que, la mejor manera de hacerte pasar por un experto en cualquier tema, era criticarlo, porque así parecía que sabías los suficiente como para quitarle la razón a otro. Pues sí, oiga, sí.

Con las personas pasa igual, supongo. Hay gente que se avergüenza de que les vean con determinadas personas, ya sean amigos o parejas, o de que les encuentren en un sitio determinado, o en un ambiente.  Creen que, como ellos te juzgarían así si te encontrasen a ti, tú los vas a juzgar a ellos.

¿Por qué no somos un poco más sinceros con nosotros mismos? ¿por qué no nos queremos y nos aceptamos más?

El primer paso es disfrutar con lo que haces. Así que si os hace feliz ver un culebrón venezolano, Crepúsculo, o Sálvame, hacedlo. Porque nadie tiene derecho a juzgar lo que hace feliz a otro, siempre que no le haga daño.

Si admitimos que hay algo que nos hace sentir bien, vayamos a por ello. No necesitas que otro apruebe lo que ves, o lo haces.

Tú eres tú, y tu único juez. 

Quiérete y acéptate, con tus gustos y tus tonterías. Acepta tus pleasures y deja de sentirte guitly por ello, es la única manera de que seas feliz.

Y os dejo, que hay una serie drama musical sobre cantantes de country llamada Nashville con la que me tengo que poner al día.

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