Geniales y genitales en ‘True Detective’

El drama, sexo y misterio en el estilo de ‘True Detective’. El gusto por lo escabroso, lo sórdido, lo desagradable que intentamos esconder se podría definir con la imagen de una camisa sucia, sudada, en un color desteñido que promete que en el pasado fue nueva y reluciente pero ya está vieja. Eso mismo es lo que promete Rust Cohle, el detective interpretado por Matthew McConaughey en True detective. O ‘la película hecha serie’, como a mí me gusta llamarla. OJO CONTIENE SPOILERS!! (Luego no digáis que no os aviso)

Porque, sí señores, es una peli en formato de 58:00 minutos a la semana. Derivado de serlo, tiene escenas algo más largas a lo que estamos acostumbrados en televisión, o interpretaciones muy intensas en momentos cortos. Puede que sea una perspectiva no compartida por nadie más, pero creo que es más película en corto que serie alargada, tal vez justo lo contrario del caso del genial Sherlock de BBC.

Bueno, de geniales a genitales, que se nos va el tema.

El personaje de Cohle es extraño, maniático, solitario y aún así sabemos que podemos confiar en él. ¿O no? La prostituta que le pasa pastillas  y le ofrece sexo gratis y él rechaza sin planteárselo en el dormitorio de ella, plagado de peluches y cosas de color rosa a su alrededor. Incluso las braguitas de ella, de encaje y en colores pastel,  indican un punto de inocencia terriblemente rota, como Cohle. Él también está roto por dentro. Y nos lo deja ver, a veces incluso nos lo dibuja.

El caso es que la simbiosis entre interpretación y ambientación de True Detective es digna de mención, como bien explica la escena que describimos en el párrafo anterior. La luz, los colores, y las camisas de nuestro querido Mateo. Ese color vainilla oscuro, desteñido, sucio en resumen, pero con un punto de nostalgia de lo que fue…  y no volverá. Y lo mal que le quedan las corbatas. Por no hablar del pelo. De esa melena y bigote a lo Tío Sam que da tanta grima… La estética de la serie es impecable… en lo sucia que está.

Desconfía de un hombre que lleve siempre la camisa sucia me dice una voz en la cabeza. Claro que la otra opción, la del padre de familia y hombre modélico (sic), aquel que no lleva una mancha… o un olor llamativo, como se encarga de decirle Cohle, tampoco es alguien que produzca demasiada confianza. O tal vez Martin Hart, el personaje interpretado por un comedido Woody Harrelson sea otro tipo de confidencialidad la que nos hace sentir.

Martin Hart está chapado a la antigua, como sus trajes azul clásico. Hasta su corte de pelo, hecho con un peliquín perfectamente colocado y muy natural, es clásico. Vive entre las presiones de ser como fue su padre, su miedo hacia él, su amor a su esposa, y la creencia de que la protege de todo mal acostándose con la primera pechugona con edad de ser su hija que encuentre por el camino.

Y ella, por supuesto, le recibe sin sostén. Creedme cuando os digo que una mujer así no iría sin sostén, excepto que espere a un hombre como él. Alexanda Daddario, alias la niña de Percy Jackson (que ha incendiado las redes sociales con su desnudo en True Detective, por cierto) tiene el encanto de la juventud, su belleza, aunque a mí siempre me ha parecido feúcha. De cualquier modo, ella es las cosas que él vivió y dejó pasar, igual que la mujer de Hart representa las que tuvo Cohle y nunca volverán. 

Porque de eso va  la serie, de lo que fue y nunca volverá. Como el color en las camisas de Mateo, la piel joven de las prostitutas infantiles del campamento o el olor de la entrepierna de una mujer en Hart. Cosas que pasan, que acaban, y que nunca vuelven.

Pero no os sintáis tristes. Cada vez que veáis a Matthew McConaughey pensad en lo estrecha que tiene la espalda, y por muy dramática o tensa que sea la escena, lo veréis de otro modo.

De nada.

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